Una economía basada en la fe

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El sistema actual requiere que los ciudadanos tengan fe en que los banqueros centrales mantendrán el poder adquisitivo del dinero. Sin embargo, las políticas monetarias en Estados Unidos y Europa hacen que surjan dudas sobre el verdadero valor del dinero.

Un mes atrás, comentando una nota de Ignacio Ros (¿BlanKeamiento de color blue? -  http://www.igdigital.com/2013/05/blanqueamiento-de-dolares/) en donde nos expone la creatividad de Guillermo Moreno (¿solo o con los otros tres fantásticos?) para tratar de controlar el dólar paralelo y “vendernos” la idea que el dólar oficial es real y que solo los agoreros (corporaciones, oligarcas) propician la necesidad de una actualización cambiaria, nos llevo a reflexionar que la confianza es todo, mas claramente aun, es la fe en la moneda. La materia que nos ocupa (la moneda) es un bien que “refleja” valor,…no tiene valor en si mismo, es una unidad de valor intangible que “vale” en función de que confiemos en ella (que le tengamos fe) y que nos brinde una unidad de medida que muestre el valor de nuestros bienes, con muy pocas variaciones y no con deterioros constantes. La verdad de Perogrullo es la falta de confianza y si bien el articulo que a continuación extractaremos habla de fe en un sistema económico-financiero, desarrolla la idea, muy cierta realmente, que la fe y la confianza puede dar viabilidad a la economía.

(Para mas detalles sobre la moneda y las medidas económicas en la Argentina ver “La Heterodoxia Económica. Jaimito no se rinde”http://codigoinversor.com/2013/07/la-heterodoxia-economica-jaimito-no-se-rinde/)

A continuación, presentamos un extracto de “Una Economía Basada en la Fe “de Bill Bonner http://www.igdigital.com/2013/08/sistema-monetario-actual-basado-fe-bill-bonner/. Bill Bonner es fundador y presidente de Agora Inc., con sede en Baltimore, Estados Unidos. Es el autor de los libros “Financial Reckoning Day” y “Empire of Debt” que estuvieron en la lista del New York Times de libros más vendidos.

 

“¿De verdad María ascendió al cielo un día como hoy? ¿Era de verdad una virgen? ¿Fue la madre del hijo de Dios? Uno necesita fe para creer en todas estas cosas.

Igualmente, uno necesita fe para creer que un pedazo de papel verde es “dinero”. También se supone que debemos creer que los banqueros centrales se asegurarán de que este “dinero” mantenga su poder adquisitivo incluso cuando, en la práctica, hacen todo lo posible para hundirlo. Pero para creer todo esto uno necesita algo más que fe, uno necesita una lobotomía.

Últimamente, todos los sistemas monetarios están basados en la fe, pero algunos requieren algo más de fe que otros. Incluso, una economía de trueque requiere que los comerciantes tengan fe los unos en los otros. Las antiguas formas de “dinero” eran esencialmente redes de crédito, según explica David Graeber en su libro “Deuda: los primeros 5.000 años”. Este sistema basado en la deuda funcionaba bien, siempre y cuando la comunidad fuera pequeña. Uno podía recordar quién le debía qué a quién. Y también uno sabía si podía fiarse de los otros agentes económicos. La fe en el dinero se sustentaba en la realidad.

El sistema monetario actual -implementado por Richard Nixon en los Estados Unidos el 15 de Agosto de 1971- es esencialmente una versión moderna de un sistema fundamentado en el crédito. Está basado en la fe en el Gobierno y en sus funcionarios. Y en los economistas. Y en la industria financiera.

Hemos mantenido una conversación con nuestros colegas Justice Litle y Rob Marstrand. Justice es el editor del Taipan Publishing Group. Rob es el analista financiero jefe de nuestra firma Bonner & Partners Family Office.

El tema de conversación era cómo Europa puede librarse de la hecatombe económica en la que está inmersa. Como puede ver, Europa tiene un mejor aspecto, pero el aspecto no es bueno. Esto es lo que decía el Telegraph:

La amenaza inmediata de una crisis bancaria y fiscal en los países del Sur de Europa ha disminuido y, después de una de las recesiones más largas que se recuerdan -seis trimestres sucesivos de contracción económica-, hay signos de que la recuperación pueda estar en marcha.

Pero el desempleo, que aún se sitúa en un nivel intolerable en algunos países europeos, aún está aumentando y el consumo privado sigue excepcionalmente bajo.

Tampoco parece vislumbrarse el final de la destrucción del crédito, con profundas consecuencias negativas para las PYMES y la creación de puestos de trabajo. De acuerdo a un informe del Royal Bank of Scotland, los bancos europeos aún necesitan captar otros 3,2 billones de euros (equivalente al PBI alemán), para cumplir con los nuevos requisitos del ratio de capital.

Investigaciones del FMI, citadas la semana pasada por el Banco Central Europeo, ubican la tasa de “desempleo estructural” –desempleo que no desaparecerá aunque la economía se recupere plenamente- en 10,1%, por encima del nivel anterior a la crisis que se situaba en el 7,4%. De ser cierto, esto significa que cualquier recuperación económica en Europa conllevará grandes tasas de desocupación.

¿Qué hacer? ¿Qué se puede esperar de esta situación? Como Justice nos explicó, es un auténtico rompecabezas. Ni la austeridad ni los estímulos funcionan como nos habían dicho. Cada medida viene acompañada de un problema. Y en las democracias modernas -por no mencionar a los 17 estados soberanos que integran el Euro con sus 18 idiomas oficiales diferentes- las autoridades tienen las manos atadas. Están limitadas por lo que el público aceptará. El público necesita tener fe también; si no, no funcionará.

Éstas son las dos posiciones: “El problema es la deuda; añadir más deuda no va a solucionar nada”, dice Rob.

“Sí, pero cuando intentas reducir el nivel de endeudamiento recortando el gasto público, la economía se debilita, el déficit aumenta y, al final, tienes más deuda”, responde Justice.

Justice sigue con esta línea para apuntar que en los años 30, los presupuestos guiados por la austeridad llevaron al caos social que dieron lugar a las dictaduras fascistas y a la Segunda Guerra Mundial.

¿Quién tiene razón? Bueno, el problema es un poco más profundo. ¿Quién puede decir qué decisión política tendrá unas consecuencias determinadas? Nadie. Hay demasiadas preguntas relacionadas, los problemas son infinitamente complejos. Las consecuencias potenciales son demasiadas.

En una sociedad primitiva y tribal, donde cada uno tiene una idea de quién es quién, se puede operar con un sistema basado en el crédito porque es mucho más fácil saber quién tiene un buen historial y quién no. Pero cuando se opera en un sistema complejo, como la economía moderna, uno no sabe mucho de nada. Todo lo que uno tiene son preguntas.

Pero sus preguntas serán respondidas. Un sistema monetario basado en el crédito continuará añadiendo crédito hasta que la falta de fe destruya el sistema. Entonces, el activo que todo el mundo querrá es el activo para el que no se necesitan demasiadas preguntas: el oro.

El oro no le debe nada a nadie. El oro es la moneda que menos fe requiere”.

El tema pasa siempre por la confianza y la fe pero saber cuando estas terminan  es prácticamente imposible. Compartimos con Bill Bonner que el oro es la moneda que menos fe requiere,…pero tenemos que cuidarnos de su volatilidad.

Otra posibilidad es preguntarle a Guillermo Moreno que debemos hacer (¿?).  Su imaginación no tiene obstáculos y no se rinde nunca.

 

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